"Evitar los problemas que debes enfrentar es evitar la vida que tienes que vivir."
Paulo Coelho
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martes, 23 de marzo de 2010

Aylì’u lu tengfya aytskxe mì txe’lan

Traducción del Na'vi: Las palabras son como piedras en mi corazón

Y es que a veces, sencillamente se niegan a salir de ahí, pesan demasiado... la musa, me las niega...




Cuando se presenta en la mesa
un vacío folio que clama en blanco,
no puedo irme, sin ya pensarlo:
¿Querrá ser relleno de vida nueva?

Seguramente sea, que al escribirlo,
quizá huya a mi mente de ser destino,
-vulgar fiera consciente de lo que escribo-
y venza en tal abismo por perseguirlo.

Clamaba tristemente, mi musa enferma
penando va inconsciente a mal destino,
callando ya la pluma de lo que espera.

Si algún día fuera que en desatino
clamara vaga al cielo por musa nueva
muriera ya mi alma en tal camino.

Téngame bien la mente sin esa puya,
que escupe ya en presente su mal veneno
haciéndome dudar, pues siento miedo,
que venza siendo cruel esta amargura.

Confúndete maldita, cruel traidora
que no sienta vacío mi pobre mente
no huyas calladita, no te me ausentes,
de ésta que te suscribe y te añora.

No huyas más de mí, sé piadosa
perderte no perdona mi egolatría
sentirte siempre dentro, pido señora.

Señora que te escapas, en gallardía
valiente eres al aire que no perdonas
al pobre que te clame: cruel tiranía.

Sacase yo mil artes y desespero
para que no huyas de mí, ni de mi vera,
reclamo y pido a Dios que te retenga,
y de esta pobre mente, no hagas destierro.

Destino pobre y cruel que así me turba,
afrentada esta así, mi huidiza musa,
delante del papel que blanco queda
no habiendo ya razón que me confunda.

Para sacar mi musa que mal sucumbe
sabiendo bien buscar, sacar del lago,
tendré pronta la luz que bien me alumbre.

Reaños sacaré, siempre lo hago.
Y al fin podré escribir (mala costumbre),
tan cruel provocación: un folio en blanco.



jueves, 28 de enero de 2010

Ella. III y última parte.


A falta de un buen amor, el sexo la saciaba, la mayor parte del tiempo. El sexo la transportaba a los mejores y más vibrantes momentos de su vida diaria, después de un diario y largo trajinar de aquí para allá haciendo mucho y a veces poco. El sexo le tapaba la boca, a las voces en su interior que le recordaban que algo faltaba. Así que una y otra vez, elegía ignorarlas ¿Qué sabrían ellas de lo que se siente cuando un orgasmo te recorre todo el cuerpo y te deja las piernas temblando? ¿Quién necesita amor?
La boca, seguía buscando donde abandonar sus besos y la piel, llevaba puesto su mejor perfume, el sudor de ambos después de jugar a perderse en sus cuerpos. No hay mucho que decir, el silencio la acompaña a excepción de sus gemidos. Y la cama, protesta una vez más, de tanto jaleo y tanto crujido.
Se da la vuelta y lo mira y entiende que algo extraño le está sucediendo. Él intenta hablar, pero ella lo calla, lo abraza con sus piernas y lo vuelve a cobijar en sus adentros. No quiere hablar de sentimientos. No quiere que nada interrumpa ese momento mágico en que una mirada habla por sí misma y no dice tonterías, no dice una mentira, no dice un … te quiero. Y todo empezó en un mundo virtual, algo que en aquel momento, aún era novedad, pero eso ya es un capítulo para otro cuento.
En el transcurso de aquel año, las horas en la cama se transformaron en largas charlas, en risas acompañadas de películas ya vistas en un televisor aún más viejo, siestas, besos, comidas a destiempo y por supuesto, siempre estaba el sexo. Aderezaban los fines de semana con paseos, cine, algún restaurante ocasional y un poco de turismo desorganizado, de ese que después de dar muchas vueltas, termina uno en el mismo sitio, en la cama.
La despedida, cada lunes, se convirtió para ella, en algo doloroso, nunca se lo dijo, pero así era. Para calmar su dolor de lunes a viernes, ponía su perfume en la almohada y dormía abrazada a ella, mientras él a 45 minutos de avión y a 120 horas de distancia, le hablaba…por teléfono. Dos ciudades con aroma de azahar y bellos arrozales y tanta tierra de por medio.
Ella vino de un mundo donde todo era posible, un mundo que acabaría con las injusticias, que sembraría de igualdad cada esquina, que levantaría a los pobres del mundo en favor de su causa. Aún hay muchos que prefieren creérselo…Y le mataron la valentía, la quebraron poco a poco, con cada letanía que le repetían, con cada lema incrustado en su memoria a base de escucharlo a diario. Por eso le gustaba tanto el silencio, no le imponía nada, la dejaba libre para soñar, para pensar por sí misma, para llorar…Y se descubrió llorando por él, por su ausencia. Se dio cuenta de que entre toda aquella letanía que le repetían, nadie le habló en verdad del amor. ¿Era aquello amor? ¿Era aquella nostalgia permanente con fecha de caducidad en cada viernes, algo llamado amor?
Sí, definitivamente, era amor, es amor.
Amanece y anochece en él cada día. Vive alojada en su pecho, en el único refugio donde siempre es bienvenida. Cuando lo mira, se ve siempre bella en sus ojos. Descubre que media vida, es aún mucha vida para gastar, mucha vida para crear nueva vida y compartir todo lo que tiene y lo que sabe y lo que aprenderá cada día. Comprende que la sonrisa es la mejor medicina para su boca gastada, comprende que los besos no se dan si no van a tener este dulce sabor, que todos los retos de la vida diaria son menos duros cuando están juntos y que el amor, ese que es de los de verdad, de los que crean buenos cimientos, hace que el paso del tiempo no sólo sea mucho más llevadero sino que se desea pasar con él cada uno de esos momentos.
Han pasado muchos años y en ese lugar al que llaman casa y donde comparten un día a día repleto de sorpresas con su nuevo y pequeño amor, vive alojada permanentemente la algarabía y se ha convertido en un paraíso, que está lejos, muy lejos de aquel sitio de donde ella vino y nunca volvió.
Ella vino de Cuba, esto ya lo presentíais y ¡ay! ¡Como la echa de menos! Ha vuelto al país de sus abuelos, a un país donde se siente como si nunca hubiese nacido en otro lugar, tan lejano. Se siente en casa, esto ya es lo que ella llama, felicidad.
Ya nunca volverá a su vieja tierra. Su hoy y su mañana están aquí, en su nuevo paraíso.  
Bendito amor, ése de los buenos, que tan pocos hay.
P.S. Bendita Sevilla. Bendita Valencia. Bendito internet.




martes, 26 de enero de 2010

Ella. II Parte





Después de tantos años, su mejor aliado era el silencio. Era el amigo fiel que nunca mentía, que no ofendía a nadie, que no miraba directamente a los ojos de la gente y les recomendaba irse a dar un largo paseo por el infierno, si es que existía y no estaban ya en él, viviendo. La rectitud de su boca se hizo tatuaje permanente en sus labios, gastados y cansados de tanto sonreír a desgana, de tanto dar besos sin sabor, de gritar en silencio cuando nadie la escuchaba. Se sentía presa de sí misma, de sus propios tormentos. Ya no recordaba el sabor que dejaba una buena risa, una carcajada a destiempo, en el sitio menos apropiado, en el momento más inoportuno, de esas que te dejan a gusto el resto del día. Callar, también es una mentira cuando se tiene mucho que contar y ella sabe con certeza, que a pocos gustará lo que ella dirá. Lo sabe, y calla, una vez más. Cuando habla, finalmente, después de mucho cavilar, siempre entra a matar, cual torero en la plaza, pena que a ella el público no se lo pida igual.
Dicen los que la conocen que tiene una sonrisa escasa, pero bella, incluso, maravillosa. Dicen los que la conocieron cuando era joven, que aún conserva parte de aquella belleza. Aquella que la convertía en un sol y a los que se acercaban con curiosidad, los convertía en sus planetas. Esa belleza que aún puede ver, cuando no se juzga tan severamente delante del espejo, cuando es capaz de mirarse a sí misma por dentro, ya que su carcasa ha dejado de brillar, hace muchos inviernos.
Dicen aquellos que aún la quieren conocer, que sus silencios hablan a veces más que mil palabras, porque el cansancio en su mirada, les recuerda que le han hecho mucho daño y que eso ya no se cura con palabras vacías, ni lemas gastados, ni con el mismo cuento de siempre, ese de que todo va a salir bien y que ponga buena cara al mal tiempo. Se cansó ya de las mentiras piadosas, de los proyectos a medias que se quedaron en el cajón, de las promesas sin cumplir, de las noches a solas, de los abrazos que no llegaron a tiempo, de las canciones que no bailó, de los besos que no recibió, de los perdones que no quiso dar a los asesinos de su alegría. Perdonar le hace bien, la libera. Olvidar, no lo consigue, porque cree que entonces no se aprende nada de lo que se vivió.
Se cansó también y mucho, de los perdonavidas, de esos que la miran y la perdonan por existir, por esto o aquello que son ellos y ella no quiere ser. Por esto o aquello que ella no tiene, ni tendrá. Se cansó de los que ofrecen su amistad como un favor. 

Se cansó de todo, menos del amor…

(continuará) 


 

domingo, 24 de enero de 2010

Ella. I parte




Ella ya no está verde, ni está madura, está como un tomate para ensalada, pintón, a dos colores, medio verde, medio roja. La ambivalencia la domina, no sabe si quiere sentirse joven o vieja, usada o nueva…seminueva o de segunda mano…
Está en esa edad indefinida en la cual aún tiene esperanzas pero sabe que va tarde para muchas cosas. Se le fue el tren, pero quizás aún puede coger el tranvía, que si es como el de Sevilla, seguro que llega a tiempo.
Ella perdió mucho de sí, con los años. Se sentó en los bancos equivocados, en sillas rotas, en los bordes de los caminos, para no cansarse… supongo. Sin embargo, nunca debía haberse detenido. Ha perdido la costumbre de andar, ni sola ni con compañía. Se arrastra de un lado para otro cargando con el más grande de los pesos, uno que ella misma se ha impuesto. Se siente como un mueble viejo, abandonado al lado de un contenedor de basura. Esos que sólo algunas personas se molestan en recuperar y devolverles la belleza y la utilidad.
Ella, vino de un lugar donde las esperanzas se abortan, no las dejan nacer por si acaso se rebelan. Ella, vino de un lugar donde los ojos tienen también fronteras, el mar lo rodea todo, el mar lo aleja todo, se lo traga todo.
 Ella vino de un lugar donde las risas se escuchan aún hasta en los peores momentos. El poco humor que queda, los salva de “muerte inevitable por tristeza”. Ella vino de un lugar donde la música se apodera de los cuerpos y no pueden dejar de bailar aunque se hunda el suelo. Ella vino de un lugar donde los coches, las casas, los rincones, vivieron sus mejores momentos hace ya mucho tiempo. Está todo olvidado, como lo están, las tumbas en los cementerios. Ella vino de un lugar donde los bancos de las avenidas son oficinas para mujeres con muchos y buscados talentos. Ella vino de un lugar que contiene, demasiados recuerdos, demasiados miedos, demasiados ruegos.
Cierra los ojos, lentamente, sin prisas, como lo hacen todo en su tierra. Imagina la que sería su vida si aún estuviese en ella. Y no lo consigue, no puede ni siquiera imaginarlo. La vida allí, también está pasando por sus peores momentos. La vida allí, se escapa, siempre que puede y se tira al mar, en busca de sus sueños. Y la vida, muere más de una vez, en ese intento.